MV#16 LA MASACRE DE LA POBLACIÓN JOSÉ MARÍA CARO

No deja de tener vigencia, por más que se repita y se repita, mencionar la vocación de exterminio colectivo que han desempeñado históricamente los Estados, alrededor del globo. El caso chileno no escapa de la norma, y es que absolutamente todos los aparatos estatales han instalado las relaciones sociales que los conforman a punta de violencia.

Aquí, en esta parte del mundo, ya se ha hecho un lugar común mencionar atrocidades cometidas por el Estado chileno durante el periodo republicano-oligárquico. En este sentido, podemos mencionar el genocidio de las poblaciones mapuche llevado a cabo a fines del siglo XIX, y que ha sido denominado, estúpidamente, “Pacificación de la Araucanía”.

Otro hecho bastante nombrado es la masacre de la Escuela Santa María de Iquique, en donde una cantidad aún no determinada de obreros fueron asesinados [las cifras ascienden, fácilmente, a las centenas de trabajadores asesinados y según, algunas fuentes, serían miles].

Sin embargo, más allá de estas masacres –que son las más recordadas, en nuestra historia– existen bastantes más casos, que podríamos nombrar. Primero, tenemos las matanzas realizadas a principios de siglo, en virtud de las huelgas obreras de 1903 y 1905, que fueron la antesala de los sucesos de Iquique. Por otro lado, tenemos un hecho –mucho menos mencionado que los anteriores– que es denominado Matanza de Ranquil. Hecho histórico, ocurrido en 1934, en el cual, según fuentes conservadoras, fueron asesinados al menos una centena de campesinos e indígenas que se habían sublevado en contra de sus patrones en una zona de la novena región, La Araucanía.

Por último, no se pueden dejar nombrar los diferentes hechos de violencia ocurridos en los años 60 en la región chilena. Esta década se caracterizó por la serie de revueltas, huelgas y movimientos que, como todos bien sabemos, desembocaron en el gobierno de Allende.



La Matanza de la José María Caro (Lo Espejo) constituye un hecho histórico que ha marcado a varias generaciones, en especial a las que vienen antes de nosotros, pues son ellas las que más recuerdan lo sucedido aquel día lunes 19 de noviembre de 1962. Y esto no deja de tener un significado especial, pues este hito marca, literalmente, a sangre la memoria.


Comenzar señalando que La Matanza de La Caro tiene sus orígenes en un proceso de violencia política popular de largo aliento. En cuanto a las explicaciones particulares, estas se centran en el proceso socioeconómico desarrollado entre los años 1930-1973. Durante estos años, el Estado asumió una política económica que intentó la transformación de un Estado Librecambista puro, hacia uno Desarrollista, que se complementaba con un Estado Populista. El Estado asume la responsabilidad (frustrada) del desarrollo de un proceso industrializador, que trató de llevarse a cabo por la clase política civil y no por los sectores productivos y/o industriales. Esto provocó que durante este período se produjera, por un lado, una industrialización truncada, dependiente aún más de los mercados extranjeros; y, por otro, un proceso de inflación espiral, que afectaba preferentemente a los más pobres. Esto trajo como consecuencias un alza del costo de la vida constante, así como un estancamiento de los salarios, debido, entre otras cosas, a las bajas utilidades del proceso industrializador.


¿Qué sucedió el 19 de noviembre de 1962?

Durante los primeros años de la década de 1960 se desarrollan diversas movilizaciones sociales que responden a una serie de «alzas de precios y míseros reajustes salariales» que proponía el gobierno de Jorge Alessandri. Lo anterior, afectaba día a día más al pueblo chileno, y sobre todo a los más pobres. Ante esta situación el pueblo respondió como casi siempre lo ha hecho, con paros de actividades y huelgas laborales, que han sido las formas habituales de movilización a las que ha echado mano durante su historia para hacer frente a los atropellos de los gobiernos de turno. Es así como durante el mes de noviembre de 1962 se desarrollaron manifestaciones en contra del alza de los precios y del reajuste mísero que proponía el gobierno para los trabajadores chilenos.

De esta forma trata el tema el diario El Siglo del día 6 de noviembre:

“TODO EL PAÍS PROTESTA CONTRA LAS ALZAS Tanto el Consejo Provincial de la CUT como el Consejo Directivo Nacional de este organismo y el Comando Nacional contra las Alzas emitieron órdenes del día en relación con el paro, que comienza a las 16 horas, las tres marchas que se realizan posteriormente y la concentración pública que efectuará el pueblo y los trabajadores de Santiago hoy en la Alameda con Dieciocho en apoyo de la Plataforma de Lucha Inmediata de la Central Única y contra las alzas, contra los impuestos y en apoyo de Cuba”

Las movilizaciones se efectuaron el día 7 de noviembre, y reunieron a miles de trabajadoras y trabajadores que protestaban en contra de las medidas del gobierno. Sin embargo, estas no lograron revertir la situación en la que se veía inmerso el pueblo chileno, pues las alzas seguían y los reajustes de salarios se mantenían como el gobierno lo deseaba, y lo más dramático es que esta situación económica no mejoraría.

Es así como el mismo diario trata esta triste noticia que marcará el devenir económico del pueblo:

“¡DESASTRE ECONÓMICO TOTAL!, Subtitulando: Ministro Escobar anunció nueva devaluación y nuevas alzas para Enero. Los liberales corcovean. […] el docto y economístico Escobar [Luis] anunció para Enero una nueva ola de alzas, una nueva devaluación y un nuevo reajuste, que se tratará de hacer más raquítico todavía que el que termina de tratar el congreso”.

Ante esta situación, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) llama a un Paro Nacional por 24 horas para el día 19 de Noviembre, llevando como estandarte los mismos lemas: ¡no más alzas y mejores reajustes salariales! El paro comenzó a prepararse con anticipación, según el mismo diario, y no tenía mayor propósito que advertir al gobierno que las trabajadoras, los trabajadores y el pueblo no seguirían tolerando medidas económicas que afectaban su diario vivir. El gobierno hizo oídos sordos a las reivindicaciones que exigían tanto la CUT como otras Federaciones de Trabajadores, y no estableció negociaciones que pudieran detener dicho paro. Por lo demás, las y los trabajadores estaban dispuestos a llevarlo a cabo, con el objetivo de demostrar el descontento generalizado ante las políticas económicas del gobierno de Jorge Alessandri.


Esta agitación, por supuesto, no quedó sin respuesta del Estado. Es así como encontramos durante la masacre de la Población José María Caro (1962), la masacre de obreros en la mina de “El Salvador” (1966) y la matanza de pobladores de Pampa Irigoin, en Puerto Montt (1969).


La que nos convoca aquí es la primera, sucesos ocurridos en la población santiaguina José María Caro, actualmente en la Comuna de Lo Espejo. Es necesario entender el contexto en que se desarrolla tal hecho y, también, los actores que la protagonizaron. Por aquellos años, las poblaciones crecían a lo largo de todas las ciudades grandes del País, a consecuencia de la industrialización, que venía produciéndose desde fines de los años 30, principalmente. Destacan, aquí, los años 60, cuando importantes masas de población rural engrosaron el número de aquellos que llegaban a la ciudad, en busca de oportunidades. Es así como un nuevo actor político surge en este escenario: el poblador. Historiadores –como Mario Garcés– han estudiado estos procesos y este actor social. A diferencia de los años 20, en donde los pobres ocupaban los famosos conventillos, ahora los pobres se asentaban en tomas de terreno ilegales, donde levantaban sus moradas, sin ningún tipo de necesidad básica satisfecha. Es así como se fue conformando el movimiento de pobladores que intentó, a base de la auto-organización y el apoyo de las organizaciones de Izquierda de la época, lograr tener una vida más digna. Una de estas poblaciones era la José María Caro, la misma en que ocurre la masacre.

En el marco de esta convocatoria de protesta nacional convocada por la CUT, los pobladores de la población José María Caro se manifestaron cortando la línea del tren, que quedaba próxima a sus casas. El gobierno envió a los militares que, luego, de enfrentamientos con los pobladores, actuaron salvajemente, disparando sus fusiles. Según los periódicos de la época, así como la investigación que presentaremos a continuación, los muertos serían seis y los heridos algunas decenas. La cantautora Violeta Parra escribiría el tema La Carta, después de recibir una que relataba los hechos por los que tuvo que pasar su hermano, arrestado en la manifestación.

Aquí algunos testimonios de los hechos:

“[…] la CUT había ordenado paro nacional, así que algunos trabajadores paraban a los que iban a trabajar… atravesaron durmientes en la línea férrea y cuando estaban en esto llegó un pelotón de militares de San Bernardo a cargo de un sargento el cual se puso también a poner durmientes en la línea, y me acuerdo perfectamente que decía: «ya cabros, vamos a parar a los huevones que quieren trabajar»”. (Testimonio de una pobladora, enviado desde Suecia).

De esta manera lo relatan otros pobladores, que para la fecha de la matanza eran aún unos niños y/o adolescentes, pero como ellos mismos cuentan, este hecho les quedó marcado en sus memorias:

“Alguien me dijo a mí de que estaban pasando cosas en la línea del tren; yo me asomé a la línea del tren por Acapulco, y de Acapulco yo recuerdo haber visto gente en la línea del tren que estaban colocando rieles, que estaban colocando piedras; y hacia el 1 Sur digamos, verdad, estaba como la pelotera de gente y también de milicos. Yo recuerdo eso, no recuerdo la matanza, yo no recuerdo haber escuchado balas, verdad, pero recuerdo una cosa caótica, o sea, tengo como una nebulosa, porque además estaba solo y yo en ese momento tenía 10 años, y como estaba solo, y no entendí muy bien lo que estaba pasando, verdad. Y regresé, bueno, hice comentarios, no sé si me habrán tomado en cuenta o no, pero cuando pasó lo que pasó yo tampoco tuve conciencia, porque yo no asistí al funeral, pero sí me recuerdo haber pasado por aquí por el Palestino, haber pasado, y haber visto varios ataúdes. Pero yo nunca lo asimilé a la matanza, verdad, no lo asimilé a la matanza. Y luego eso se hundió en la memoria mía, verdad, no la niego pero se hundió”. (Testimonio de un poblador)


“[…] yo me salté una parte en donde yo como adolescente, tengo muy malos recuerdos del gobierno de derecha, muy mal recuerdo que sucedió en esta población, no recuerdo el por qué, debe estar escrito, cuando se mató varia gente aquí, de allá pa acá y yo andaba metido entremedio, yo me acuerdo pero era… No sé cuál es el susto que me vino después, que ahora se me vino a la memoria con lo que me preguntaste tú, que yo cuando llegaron unos carabineros a caballo a echar a la gente, claro, corrí como toda la gente y me vine a esconder debajo de la cama, si yo era cabro chico, me quedé casi todo…, no quería salir debajo de la cama, porque esa experiencia, sin saber lo que estaba sucediendo como cabro chico, no sé po, me dejó un poco marcado en el asunto de política sin saber tanto, lo poco y nada que uno sabe, pero esas cosas para mí no deberían suceder po. Me parece que fue, bueno, después por lo que está escrito, por lo que uno, lo poco que ha leído uno también, que un gobierno de Jorge Alessandri parece que fue, yo estaba po, estaba ahí; bueno, como cabro chico, a lo mejor, no me pasó nada, pero esa situación la viví”. (Testimonio de un poblador).

“…en eso llegaron los pacos del grupo móvil y empezaron a agarrar y a pegar a todos los que se ponían por delante. Lo que hizo que los pobladores reaccionaran…”. (Testimonio de una pobladora, enviado desde Suecia).


“… llegaron los milicos de la Fuerza Aérea y empezaron a disparar, disparaban como quien mata pájaro…”. (Historia de la Población Clara Estrella, en Constructores de Ciudad, Editorial SUR).

Hipolito en la morgue. (fotografía de archivo fiscalía militar)



La lista de asesinados es la siguiente:


NEMESIO BARRAZA 
25 años, comerciante ambulante, Población José María Caro, manzana 96, casa 4015, herido a bala tetilla izquierda. 

JORGE MIRANDA 
28 años, comerciante Vega Central, casado, José María Caro 177, casa 4884, herido a bala abdomen. 

ELSA RAMÍREZ CASTRO 
16 años, soltera, operaria, José María Caro manzana 95, sitio 338, falleció a las 14.25 horas en el Hospital Barros Luco, herida a bala en la región inguinal [sic] izquierda.

HIPOLITO BREVIS RETAMALES 
22 años, soltero, pintor, José María Caro manzana 13, casa 5558, herido a bala en el cráneo, falleció a las 17.25 horas en el Hospital Barros Luco. 

RICARDO CUBILLOS QUEZADA 
15 años, soltero, obrero, José María Caro, manzana 95, casa 3963, herido a bala en la región abdominal, falleció a las 17.50 horas en el Barros Luco. 
(El siglo, Martes 20 de Noviembre de 1962, N° 3.595, Año XXIII, p. 8.).

Esto es lo que indican los registros oficiales, los que se guardan en los «archivos nacionales», lo que dice la memoria oficial. Sin embargo, para quienes vivieron ese día, para quienes lo presenciaron, los muertos fueron más y no por la razón que cuantitativamente lo fueran, sino que por el hecho de que ese día se perpetró una Matanza contra La Caro, contra todos sus habitantes, pues la mayoría de los que murieron eran personas como nosotros, y fueron víctimas de la irracionalidad con que actúan siempre las fuerzas represivas; del odio que ha logrado instaurar en los carabineros y militares, que en el fondo son parte del mismo pueblo (nos referimos a los pelaos conscriptos y los cabos de más bajo rango), el Estado; fueron víctimas, y aún lo son, de una guerra sin cuartel.

Es así como sale a la luz la historia de Elsa Ramírez Castro, una joven adolecente de 16 años que nisiquiera participaba de la manifestación. Fue asesinada por una bala que atravesó las delgadas paredes de su hogar; esas delgadas paredes que separaban la vida privada de la pública; esas delgadas paredes que no eran más que de cholguán o madera terciada; esas delgadas paredes que con el tiempo se han vuelto de material sólido gracias a la autoconstrucción de las y los pobladores. En consecuencia, murió en su propio hogar, dentro de su mundo, murió de una bala que atravesó las paredes de su hogar para incrustarse en la región ingunial, cortándole la arteria femorarl.

“…las balas que dispararon eran balas de guerra que traspasaron las delgadas paredes de las casas que solamente eran de cholguán, los muertos como ustedes fueron varios…”. (Testimonio de una pobladora, enviado desde Suecia).

Luego de pasado el trauma en sí, el de La Matanza, se tuvo que volver a la realidad. Y ella decía que había que sepultar a los caídos; que había que acompañar a las familias que iban a enterrar a sus padres, hermanos, hijos, primos…; que había que estar ahí. A esto respondieron muchos sectores de la sociedad chilena, desde políticos, que aprovecharon la ocasión para sobresalir, hasta miles de pobladores que veían en cada ataúd a un poblador como él.

Los funerales de las víctimas se realizaron dos días después de perpetrada La Matanza. A ellos asistieron miles de pobladores, solidarizando con el dolor de las familias que habían perdido a un ser querido. “El día 22 de noviembre el cortejo partió desde la cancha de fútbol de la población, faltando quince minutos para las dos de la tarde y llegó a las 18:30 horas a la plazoleta del Cementerio General. Fueron cien cuadras de recorrido. Más de una hora demoró en pasar la columna por Avenida La Paz, y tenía una extensión de más de 15 cuadras. El cansancio y el intenso calor causaron serias bajas, pero no consiguieron detener la marcha de los pobladores”. (Carlos Soto, Bitácora de La Comuna de Lo Espejo. p. 100). De esta forma se cierra uno de los capítulos más tristes de la historia de la población José María Caro, donde la muerte azotó a sus habitantes.


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