MV#2 LA MASACRE DE PLAZA BULNES

A comienzos de enero de 1946, el Presidente de la República Juan Antonio Ríos, gravemente enfermo, había sido reemplazado por el millonario radical reaccionario Alfredo Duhalde, que gobernaba en calidad de Vicepresidente. Se cuenta que Osvaldo de Castro, dueño de la COSATAN (Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta), entraba a La Moneda como a su casa. Después de cada visita salían de la casa presidencial nuevas medidas represivas contra los obreros del salitre en el Norte.


El comienzo

El 17 de enero de 1946, en un campamento de la Oficina salitrera Mapocho, cuando las mujeres llegaron a la Pulpería a comprar los alimentos acostumbrados se encontraron con una novedad: todo era más caro. La Compañía, provocativamente, estaba violando el acuerdo con el Sindicato de vender los alimentos a un precio ya convenido. Las mujeres y los obreros decidieron por lo tanto no comprar. En el norte, los sindicatos de las oficinas salitreras Humberstone y Mapocho habían declarado la huelga en protesta por la descarada alza de los productos de primera necesidad, decretada arbitrariamente por las empresas de esos yacimientos. El Gobierno como es habitual en la historia de Chile, se puso al lado de los patrones. Eliminó la personalidad jurídica de ambos sindicatos, dejando a los trabajadores en la indefensión. Entonces, la Central de Trabajadores de Chile (CTCH) convocó el mitin solidario.


El mitin y la violencia policial

De acuerdo con la orden impartida por la CTCH a los Sindicatos afiliados a esa central, se realizó en la Plaza Bulnes la Concentración pública organizada por la Directiva Provincial de ese organismo, con el objeto de expresar el desacuerdo de la clase obrera por la resolución que hizo efectiva la cancelación de la personalidad jurídica de los Sindicatos Mapocho y Santiago Humberstone, y para solicitar al mismo tiempo que se dejara sin efecto esta medida.

Desde alrededor de las 6 de la tarde comenzaron a llegar al sitio en el que se iba a realizar el comicio, diversas organizaciones sindicales precedidas por sus estandartes y alusivos a los fines de la concentración. Al mismo tiempo llegaron también al sitio varios grupos de Carabineros, quienes tal como en las manifestaciones populares de hoy en día, defensivamente cercaron el lugar. Entre tanto seguía llegando mayor número de concurrencia. Los Carabineros con el objetivo de controlar el desarrollo del comicio, dieron ubicación a los manifestantes en la parte sur del monumento de Bulnes, formando un círculo cerrado hacia la parte que da frente a la Alameda. En un momento dado, la concurrencia avanzó rompiendo la línea trazada por el destacamento de Carabineros apostados para impedir el agrupamiento de los manifestantes del sector indicado, lo que dio origen a las primeras incidencias parciales entre los asistentes a la manifestación y los Carabineros. Al producirse estos incidentes, y ante el avance de los Carabineros montados, gran parte del público huyó hacia las calles Alonso Ovalle y Alameda.


Iris Figueroa, a la época Encargada Femenina del Comité Regional de Santiago del Partido Comunista, explica: “El permiso que había extendido el Intendente de Santiago, decía que el mitin, nosotros lo teníamos que hacer detrás del monumento a Bulnes, pero había demasiada gente, y empezaron hacer presión para que la concentración se hiciera frente al monumento, con vista a la Alameda… de repente un oficial da la orden de apaleo. En aquel entonces era parlamentario del Partido el compañero Andrés Escobar y a pesar de que él se había identificado y le explicaba qué más daba que la concentración se hiciera delante o detrás del caballo… A pesar de eso, el oficial de carabineros procedió y le rompió la cabeza de un sablazo. Cuando ya la gente vio que le salía un chorrito de sangre de la cabeza, cuando vio correr sangre por la ropa del compañero, la gente tuvo una reacción… pero inmediata y se empezó a enfrentar con los carabineros. Ahí con los listones, con los motes, con lo que llevaba en sus manos”.

Transcurridos algunos minutos, se escucharon varios disparos que más tarde se intensificaron, produciendo una súbita dispersión del grupo de Trabajadores. “En un momento determinado – relata Américo Zorrilla testigo ocular de los hechos – yo presencié desde muy cerca cuando un oficial dio una orden, los carabineros pusieron una rodilla en tierra – toda una hilera de carabineros – y apuntando hacia la masa de gente, empezaron a disparar. Fueron varias descargas, por orden del oficial. Quedaron muchas personas heridas, fueron seis los muertos. Inmediatamente después de eso, los carabineros se replegaron, desaparecieron y dejaron la plaza llena de gente botada en el suelo, algunos heridos, otros muertos. Había sangre por todas partes. La gente que en el primer momento había arrancado, volvió ahora. Algunos hacían parar a gritos los autos y camiones que pasaban, para llevar los heridos a la Asistencia Pública”.


Superado el terror y la sorpresa inicial, los trabajadores reaccionaron con indignación. Muchos de ellos tiñeron con la sangre derramada sus pañuelos, camisas, periódicos y los enarbolan como banderas. Marcharon por las calles céntricas de Santiago, en donde no se veía un solo carabinero. Todos estaban escondidos en sus cuarteles. Las masas eran dueñas de las vías de la capital. A pesar de tanto odio acumulado, actuaron de manera muy disciplinada.


Las primeras informaciones sobre las incidencias de la Plaza Bulnes, fijaban en seis el número de muertos. Eran: Filomeno Chávez Villalobos, Diego Martínez Martínez, Manuel López López, Ramona Parra, operaria de los Laboratorios Recalcine; bala en el frontal izquierdo; Alejandro Gutiérrez Álvarez y Adolfo Lisboa.


RAMONA AURELIA PARRA ALARCON

Tal vez la más conocida de las víctimas de la represión en Plaza Bulnes. Nació el 28 de mayo de 1926. No se casó ni tuvo hijos. Ramona Parra fue Encargada Femenina del Comité Regional Santiago de las Juventudes Comunistas, desde 1945 trabajaba en el Laboratorio Recalcine, donde envasaba medicamentos. Junto a Ramona, en la Plaza Bulnes, cayeron otras 26 personas, pero oficialmente se informó de sólo los primeros 6 muertos.

Siendo muy joven Ramona Parra abrazó la causa de la justicia social, la causa de la transformación de la sociedad por una más justa y libre y al adquirir ese compromiso lo hace con una entrega total. Su hermana Olga la recuerda diciendo: “Quizá algún día me case. Pero por el momento tomé ya un compromiso”. Esa entrega y decisión la expresó en cada actividad juvenil en la que participó junto a los Trabajadores del Sindicato de Recalcine junto a los cuales trabajó. Su cuerpo reposa hoy en el Mausoleo del Sindicato de Cristalerías Chile, en el Cementerio General de Santiago.


Iris Figueroa quien fuera Regidora y que se encontraba frente al Ministerio de Defensa y al lado de Ramona señala: “Ella levantó la cabeza, se paró en el pasto, y empezó a gritar: - Asesinos... tales por cuales... nos matarán a nosotros, pero vendrán muchos detrás... – Y después veo que le llega una bala. Lo que no recuerdo si en el ojo derecho o izquierdo, pero se lo voló así para afuera un poco. Esas fueron las últimas palabras de Ramona.”


Según narra Américo Zorrilla: “Recuerdo haber caminado entre los cuerpos que estaban tendidos en el pavimento. Podría indicar en la Plaza Bulnes, el sitio en que estaba Ramona Parra muerta. Estaba en la vereda, pálida. Era la palidez de la muerte. En su sien había un círculo, una perforación nítida, sin que saliera sangre de ella. Al lado, de pie estaba su hermana y uno o dos jóvenes que la miraban”.


Quienes conocieron a Ramona la describen como una muchacha hermosa, dulce, tierna, agradable, buena amiga, buena compañera. Inquieta y audaz en el cumplimiento de las tareas, brava en la lucha contra la injusticia social, de una valentía extraordinaria, expresión de su amor por los más humildes y sus ansias de justicia social.

Me tomé la libertad de investigar la literatura enfocada en el suceso de la masacre de plaza bulnes o la muerte de Ramona Parra, pero al realizar la búsqueda tanto digital como en libros, el poema de Pablo Neruda acapara toda atención y se reduce la búsqueda prácticamente en totalidad a su trabajo. La verdad no soy un admirador de Neruda (tengo más que claro de que gran parte de su obra es incuestionablemente importante para el mundo de la literatura) pero su vida personal, su machismo, el trato a la mujer que él tenía, definitivamente no van con mi forma de entender la vida y la forma de convivir que lucho por llevar adelante. Por esto mismo finalmente decidí utilizar este hermoso poema escrito por el dramaturgo español Miguel Hernandez (1910-1942).


Sentado sobre los muertos

(Miguel Hernández)

Que se han callado en dos meses,

beso zapatos vacíos

y empuño rabiosamente

la mano del corazón

y el alma que lo mantiene.

Que mi voz suba a los montes

y baje a la tierra y truene,

eso pide mi garganta

desde ahora y desde siempre.


Fuentes:

  • Red Digital http://reddigital.cl

  • Diario “La Hora” de 27 de Enero de 1946

  • Revista “Ramona” de 19 de Febrero de 1972, Reportaje de Claudia Lanzarotti

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